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Memorias de la Economía Boliviana

Memoria de la Economía Boliviana 2018
2019/12/10

En 2018, nuevamente y por quinto año consecutivo –sexto en la última década– Bolivia lideró en crecimiento económico entre los países de América del Sur, anotando una expansión de 4,2% respecto a la gestión previa. Este resultado se alcanzó gracias a la implementación del Modelo Económico Social Comunitario Productivo (MESCP) desde 2006, el cual además de preservar la estabilidad macroeconómica tiene una visión social, cuyos objetivos de disminución de pobreza, desigualdad y redistribución del ingreso se están cumpliendo paulatinamente.

 

El MESCP, al igual que lo hizo en el contexto de crisis financiera internacional de 2008, caída de los precios de los minerales en 2011 y desplome de los precios del petróleo en 2014, una vez más demostró ser efectivo incluso frente al panorama de desaceleración económica a nivel mundial, situación que posteriormente mostró indicios de mejoras durante 2017; no obstante, en 2018 se registró una menor expansión respecto al año anterior, debido a las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China durante el segundo semestre del año y al alza de las tasas de interés de la Reserva Federal estadounidense que endureció las condiciones financieras. En la región, Argentina y Brasil fueron las economías que registraron indicadores económicos menguados, complicando el contexto regional.

 

A pesar de este panorama, la economía boliviana continuó mostrándose dinámica en 2018, comportamiento impulsado por el desempeño favorable de los sectores industrial y agropecuario, en parte atribuido al acuerdo entre el gobierno nacional y el sector privado para la generación de etanol, además de la industrialización de recursos hidrocarburíferos y evaporíticos, y otros sectores vinculados a la demanda interna e intensivos en la generación de mano de obra.

 

Asimismo, se destaca el aumento sustancial del tamaño de la economía, reflejado en el Producto Interno Bruto (PIB) nominal, que en 2018 sumó $us40.581 millones, muy superior al registrado en 2005 de $us9.574 millones. De igual forma, el PIB per cápita –medida del ingreso promedio por persona– ascendió a $us3.589, superando en 5,9% la cifra alcanzada en 2017. El comportamiento favorable de esta variable en los últimos trece años resultó en un incremento de 240,0% en este período, por encima del aumento registrado por las economías de la región sudamericana.

 

El ascenso de los ingresos de la población se tradujo en la expansión del ahorro en el sistema financiero, cuyo saldo totalizó $us27.121 millones y superó en 4,5% al observado en la gestión anterior. Así, el número de cuentas de depósitos en las entidades de intermediación financiera alcanzó a más de 11 millones, de los cuales el 85,4% correspondieron a depósitos con saldos de hasta Bs3.430 ($us 500); lo que indica que las personas de ingresos medios y bajos ahora tienen mayor capacidad de ahorrar.

 

Los préstamos del sistema financiero crecieron en 12,2% entre 2017 y 2018, sumando $us24.871 millones; de este total, más del 50% correspondió a la cartera regulada –créditos productivos y de vivienda de interés social–, favoreciendo a la esfera productiva del país y al acceso de la población a una vivienda propia. Asimismo, durante 2018, las entidades de intermediación financiera cumplieron las metas de colocaciones de este tipo de préstamos establecidas en el marco de la Ley N° 393 de Servicios Financieros. La calidad de la cartera se evidenció en el reducido índice de mora (1,8%), el más bajo entre los países de América del Sur y las utilidades del sistema financiero se mantuvieron en niveles elevados.

 

En cuanto al desempeño del comercio exterior, en 2018 las exportaciones registraron un incremento de 9,5%, llegando a $us8.969 millones; de este total, la industria manufacturera registró la mayor participación (34,6%). Por su parte, las importaciones sumaron $us10.046 millones, concentradas principalmente en bienes de capital, materias primas y productos intermedios (77,5%), las cuales fortalecen el aparato productivo del país y benefician a la población con la mejora de la infraestructura y un mayor acceso a servicios básicos.

 

En este contexto, la balanza comercial registró un saldo negativo de $us981 millones, equivalente a 2,4% del PIB, ratio inferior a los observados en las dos gestiones previas, mostrando una tendencia a reducir los saldos negativos en proporción al PIB, lo cual evidencia la mejora paulatina del resultado comercial. En línea con lo anterior, las Reservas Internacionales Netas (RIN) anotaron $us8.946 millones, cifra menor en 12,8% a la registrada en 2017. No obstante, en porcentaje del PIB, las RIN alcanzaron a 22,0%, posicionando a Bolivia en el primer lugar en relación a los países de América del Sur.

 

Por su parte, la inflación fue 1,51% en 2018, una de las más bajas de los países de la región, lo cual obedeció al comportamiento favorable de la producción de alimentos (garantizando la provisión suficiente a los centros de abasto del país) y a las medidas del gobierno nacional para mantener la estabilidad de los precios.

 

A su vez, un año más el tipo de cambio se mantuvo sin fluctuaciones, brindando certidumbre a la población a diferencia de lo ocurrido en los países vecinos que anotaron continuas variaciones –más pronunciadas en Argentina–. La estabilidad en el tipo de cambio se encuentra respaldada por los fundamentos económicos y protegió a la economía nacional de presiones inflacionarias externas.

 

Por otro lado, se mantuvieron los niveles de inversión pública, la cual se constituyó en un motor importante del crecimiento económico, que junto al mayor gasto asociado a la continuidad de los programas sociales, derivaron en un déficit fiscal de 8,1% del PIB. Asimismo, el balance fiscal corriente registró un superávit.

 

Es importante mencionar que la inversión pública contribuyó de manera importante al proceso de industrialización cuyos resultados se observaron en la incursión del país al mercado de la urea y en la producción de biocombustibles. En cuanto a los recursos evaporíticos, se completó la Fase I de investigación y plantas piloto y se dio inicio a la Fase II de implementación de la Planta Industrial de Cloruro de Potasio. De igual forma, se inauguraron proyectos de generación hidroeléctrica, solar y eólica, y se amplió la capacidad de almacenaje y procesamiento de alimentos. Otro logro significativo se dio en la prestación de servicios de transporte, telecomunicaciones y turismo.

 

Todo lo anterior cobra verdadero sentido cuando se observan los avances sustanciales en materia social. Así, la tasa de desempleo se situó en 4,3%, inferior a la cifra de la gestión anterior, y la más baja de los países de la región, resultado del dinamismo económico, la creación de empresas públicas y privadas, la implementación de medidas como el Programa Nacional de Empleo, entre los factores más importantes.

 

De igual forma, la pobreza extrema registró 15,2%, continuando la senda de disminución de gestiones anteriores. Se destaca que entre 2005 y 2018 Bolivia anotó una caída de 23,0 puntos porcentuales en este indicador, la mayor reducción en relación a los países sudamericanos. Este notable descenso obedeció a la mejora de los ingresos de la población ante el dinamismo de la actividad económica, las medidas de redistribución de los ingresos como el Bono Juancito Pinto, Bono Juana Azurduy y Renta Dignidad, y otras políticas sociales.

 

Los avances significativos en la mejora de los ingresos de la población más pobre fueron destacados por organismos internacionales como el Banco Mundial, el cual posicionó a Bolivia como la economía con el mayor incremento de los ingresos del 40% más pobre de la población entre 2006 y 2016.

 

Todo lo mencionado, junto a otros resultados favorables producto de la implementación del MESCP, se encuentran desarrollados en la presente edición de la Memoria de la Economía Boliviana. Por tal motivo, se invita muy amablemente a la población en general a conocer y analizar el desempeño y los logros alcanzados por la economía nacional en 2018.

 

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